Para la ciencia los malos resultados, no son resultados, no se publican, no son trabajo, es tiempo perdido, no se reflejan en ninguna parte, se borran y no se habla m√°s de ellos. Com√ļnmente, los trabajos cient√≠ficos presentan una hip√≥tesis y la confirman. El trabajo experimental es una senda lineal desde los objetivos hasta las conclusiones, las desviaciones son dif√≠cilmente admisibles. Como resultado, cuesta descartar hip√≥tesis, puesto que este proceso siempre genera dudas.

La mente humana tiende a reducir y simplificar, busca agrupar sucesos y crear teorías creando un orden que puede ser artificial y no real. Para la didáctica estos esquemas son esenciales, pero la ciencia debe estar un paso por delante. La mente del científico debe estar abierta a lo inesperado, en cambio, pero hay una cierta predisposición a anular aquello que se sale de la norma.

04

Las publicaciones sobre experimentos fallidos son prácticamente inexistentes. Esto genera un gran desperdicio de recursos. Al no compartir los fracasos, muchos científicos volverán a tropezar con la misma piedra en la que otros cayeron previamente.

Los malos resultados pueden no resultar atractivos, pero son conocimiento y deberían conservarse. Además, el hecho de que un experimento no salga como se esperaba no significa un fracaso. La serendipia ha dado lugar a grandes descubrimientos.

La explicación de esta actitud ineficiente puede estar en la naturaleza humana. Existe un miedo demasiado grande al fracaso. En clase los alumnos no participan cuando el profesor hace preguntas, pocos contestan y casi siempre es la misma persona. Esta actitud se inculca a los alumnos en exámenes como los test donde los fallos restan donde la lógica invita a ser conservador y contestar solo las preguntas seguras. Acerca del tema de los exámenes tipo test recomiendo este magnífico artículo de Fernando Trías de Bes. 

El origen de estos miedos parece estar relacionado con el instinto de conservación.

No obstante, este instinto puede controlarse. La capacidad para vencer el miedo al fracaso depende del nivel de riesgo de cada situaci√≥n y los premios que conlleva el posible √©xito, aunque normalmente el ser humano tiende a pensar m√°s en las p√©rdidas que en las ganancias. El que no arriesga no gana, es el dogma de los jugadores de cartas, pero tambi√©n es aplicable a la vida real, eso s√≠, poniendo por delante el sentido com√ļn. A veces, hay¬†mucho que ganar y poco que perder¬†y pese a todo suelen ganar las contras.

Es necesario atrevimiento para triunfar, pero tambi√©n para dar valor a los ‚Äúmalos resultados‚ÄĚ. De esta forma ser√° posible acelerar el proceso cient√≠fico.